28 de octubre de 2017

Autopista de la Nostalgia.


He llegado al punto donde es inevitable no hundirme en la nostalgia.

Es como si todos los caminos me llevaran a casa. Como si cada rostro que cruzo en el día, me miran con ojos de "Dios salve a la chica".
La primavera de Octubre, los cerezos y la cordillera cada vez menos alba, intentan hacer los recuerdos más llevaderos. Como si me recordaran que ellos se mueven conmigo, que me seguirán a donde quiera que vaya, que no estoy tan sola.
Es extraño acostumbrarse a los Domingos en la Ciudad de la Bestias, no solo por el sabor de ir cada semana envejeciendo, si no que aún no asumo que ya no estoy en aquel paisaje amarillo de la casa de mis padres. Ya no estoy en mesa junto a ellos, con el mantel de colores, el sol a mi espalda, las hortensias de mi madre, ni la guitarra de Violeta Parra de fondo. 
Pensé que los años nos convertían en seres más resilientes, que las caídas y anécdotas de los años nos vacunaban contra la indecisión y la tristeza. Sin embargo, cada día que pasa, de mi piel florecen más inseguridades, como si cuestionarme el mundo y qué estoy haciendo con aquel que creía mío, es lo que "debería" ser,
Nunca pensé en recorrer este camino. Nunca pensé en convertirme en mi propia sombra. Nunca pensé en evitar a quienes más admiraba por miedo a que vieran en mi piel las marcas de mis malas decisiones y mis desgarros.
Siempre tuve una atracción por la Nostalgia. Su naturaleza siempre me pareció desconocida, y mucho más sus gustos, ¿Por qué tiene cierta preferencia en algunas historias, lugares, personas? Cuando pienso en ella, imagino a la Nostalgia de un color anaranjado, con ese naranja fuego del atardecer, con olor a tierra mojada y al aura de los árboles verdes de la plaza cercana a mi casa. 
Recuerdo las tardes después del colegio, los vagabundeos con Horacio, las ganas de tomar mi bicicleta blanca e irme lejos, muy lejos de mi ciudad, la que ahora tanto quiero y a la que tanto anhelo volver.
Dentro de mi pecho siento como un parte de mi, baja apresuradamente una escalera en espiral que nunca acaba. Corre como huyendo de algo. Corre como si las puertas de lugar al que se dirige, están prontas a cerrarse para siempre.
Ya estoy aburrida de sentir cómo extraño al desastre que alguna vez fui. Ahora soy un huracán, soy el día después de la tragedia, soy una réplica constante de un temblor destructor, como si anunciara que cada vez los grados de daño serán mayores. 
A veces pienso en la vida que voy a perderme. A veces me vence la angustia y la ansiedad. A veces estoy a punto de dejarme llevar por el encanto de la Nostalgia. A veces es siempre.
Sé que la nostalgia no mata, pero sé que te lleva al adiós. 
Dios salve a la chica.